De entrada pareciera que es muy sencilla la respuesta: porque hace mucha falta en este mundo; porque la falta de ellos son dos de las razones por las cuales estamos como estamos; porque ya no se enseña en la escuela, pero es necesario que se siga divulgando.
Sin embargo, estas respuestas ya no parecen ser suficientes para mí. Como buen psicólogo (pues eso dice un papel que soy) pensé en que, tal vez, la respuesta se encontraba dentro de mí y no en el mundo: porque tengo una necesidad de expresar mis pensamientos, compartirlos con mis amigos y colegas; tal vez porque tengo un complejo de salvador y me reconforta saber que chance alguien ha leído algo de lo que he escrito y se ha cuestionado a sí mismo; tal vez porque mi carrera como educador (dando una clase de pensamiento crítico en preparatoria) fue cortada apenas pasado un semestre por ser demasiado crítico y es mi forma de cerrar el ciclo.
Tal vez, no son más que excusas para evitar pensar que en realidad se trata de una forma más de alimentar mi narcisismo.
Mas, al final, sigo manteniendo la misma pregunta: ¿Por qué divulgar el pensamiento crítico y la ciencia?
Si analizo la situación de mi país (México) y, generalizando, la del mundo, a la mayoría de la gente parece no importarle saber o entender de ciencia, de pensamiento, de entendimiento del mundo natural, de la lógica y sus falacias, de cómo argumentar. Pareciera que a la mayoría de las personas lo único que les interesa es pasar por la vida sin problemas, sin muchos cuestionamientos, sin entender cómo las cosas funcionan. Creo que muchos podrán estar de acuerdo conmigo; creo que muchos no lo estarán.
La verdad es que no sé. Me parece que al final todo se reduce a la pregunta ¿por qué me importa que los demás sepan o se enteren de las pocas cosas que el humano sabe?
¿Por qué me importa a mí? Qué más me da si los otros saben que la homeopatía no funciona: yo lo sé y no la uso. Qué más me da que los otros crean en fantasmas: a mí no me perjudica. Qué más me da que la gente vaya con psíquicos, con quiroprácticos, con acupunturistas, con tarotistas, con profesionales del engaño y el fraude: yo no los busco.
¿No debería de bastar con que yo, como individuo, me cuide de las trampas? ¿Qué no cada quien debería de preocuparse por investigar en lo que se mete o lo que cree o lo que hace? ¿Por qué tengo que preocuparme por lo demás?
Podría argumentar que debería de preocuparme por aquellos que quiero y amo; ok, entonces procuraré informar aquellos cercanos a mí de las mentiras y las trampas que conozco; de la misma forma que procuro informarles de mis logros, miedos, tristezas… mi vida en general, pero nada más. ¿Por qué habrían de importarme los millones de mexicanos que viven día a día sin preguntarse o cuestionarse sobre cosas como la homeopatía?
Si ellos no están suficientemente interesados en averiguar ¿por qué debería de estar yo interesado en proporcionar esa información?
Donne escribió:”Ningún hombre es una isla por sí sólo… porque yo estoy involucrado en la humanidad”. Sin embargo, la sociedad, en general, se comporta como una serie de islas individuales. Sí somos hombres-isla interesados en nuestro propio bienestar. ¿Por qué habría yo de ser diferente?
Muchas veces he bromeado con mis amigos sobre que si quisiéramos hacernos millonarios haríamos un fraude piramidal, envuelto en un manto religioso, en el cual se vendiera un producto milagro (proveniente de los Mayas o los Olmecas), el cual curara absolutamente todo y sólo por esta ocasión lo pudieran conseguir por 199.99, más gastos de envío.
Lo triste es que es verdad. Sí realmente quisiéramos hacernos millonarios haríamos algo así. No tendríamos remordimientos, ni culpa, ni problemas éticos, pero no es así. Algo dentro de nosotros nos impide llevar acabo este ardid. ¿Por qué?
No sé el porqué, pero sí sé que es por esa misma razón que me preocupo por investigar, es por eso que cuestiono todo lo que se me pone enfrente, es por eso que tengo la necesidad de compartirlo y es por eso que escribo un blog.
Sin embargo, sigo sin saber por qué tengo esa necesidad.
Lo irónico de todo esto es que, al final de la historia, no somos más que un pequeño planeta, alrededor de un sol mediocre, a la orilla de una galaxia promedio, flotando entre millones de otras galaxias, en un universo que no conocemos (o conoceremos)… un pálido punto azul, diría Carl Sagan.
Las guerras siguen y seguirán, la pobreza existe y existirá, la ignorancia es y será. El humano seguirá y desaparecerá, entonces ¿por qué preocuparnos por la divulgación de la ciencia y el pensamiento crítico?


Comprendo la sensación y el cuestionamiento. Si lo vez a la divulgación científica como una batalla contra la ignorancia, entonces es algo muy desgastante, sin embargo hay otra perspectiva más pura.
ResponderSuprimirLas personas tienden a apasionarse por ciertos temas, nadie esta más dispuesto a platicarte sobre astronomía que un astrónomo aficionado ni alguien a platicarte de religión que un creyente convencido.
En la rama de divulgación científica creo que en el fondo nos apasiona el conocimiento y la naturaleza del universo. En lugar de librar batallas que no son significativas, me parece que el enfoque es compartir nuestra pasión con los demás con la esperanza de que alguien comparta esta pasión.
No se puede forzar a la gente a que piense, solo podemos invitarla. Tu les das esa opción que de otra manera desconocerían.
Creo que tienes razón. Si intentamos verlo como una batalla terminará derrotándonos el cansancio.
ResponderSuprimirSin embargo, mi sensación parte del hecho de ver a la gente y entender que a la mayoría no le interesa saber nada, mejorar en nada o enteder nada. Entonces ¿para qué continuar? ¿para esa persona que se meta y piense?... puede ser...
En fin, gracias por el comentario, fue una necesidad de desahogo de los comentarios negativos e insultantes que nos rodean todos los días.