"It is proposed that happiness be classified as a psychiatric disorder and be included in future editions of the major diagnostic manuals under the new name: major affective disorder, pleasant type. In a review of the relevant literature it is shown that happiness is statistically abnormal, consists of a discrete cluster of symptoms, is associated with a range of cognitive abnormalities, and probably reflects the abnormal functioning of the central nervous system. One possible objection to this proposal remains--that happiness is not negatively valued. However, this objection is dismissed as scientifically irrelevant." (Bentall, R., Journal of Medical Ethics 1992;18:94-98)
De entrada esto puede ser contra-intuitivo, pero analicemos lo que dice el autor.
Bentall propone que la felicidad es estadísticamente anormal. Esto significa del total de una población sólo una parte mínima de ella posee o sufre cierta característica, o en este caso desorden afectivo.
En otras palabras, si distribuimos a la población en una curva
normal, como se muestra en la imagen, la mayoría de la población se encuentra en el área azul. La zonas rojas serían aquellas personas que están fuera de la media o el promedio y las personas que caen en los amarillos están aun más alejados del promedio, por ende, son estadísticamente anormales.Esto se aplica a todas las áreas del ser humano: Un genio como Einstein (para ser cliché) o Napoleón estarían en el amarillo de la derecha, mientras que una persona con un retraso mental severo se encontraría en el área amarilla de la izquierda. En cuestión de inteligencia la mayoría estaría en azul con un promedio de 90 a 110 puntos de una escala o test de Coeficiente Intelectual.
Funciona igual con las enfermedades, tanto físicas como mentales, ya que la mayoría de la población está, en promedio, bien (excepto para los psicoanalístas); existen quienes están enfermos y, siguiendo esta lógica, hay quienes estarían en el extremo derecho: extremadamente bien.
El autor intenta clasificar la felicidad como algo que sólo sucede en una parte de la población, ubicándola de lado derecho de la gráfica anterior. Esto se debe a que sólo un número reducido de personas reportan ser felices constantemente; la mayoría reporta, a lo mucho, estar satisfechos con sus vida, trabajo, familia, etc. De la misma forma que sólo una parte pequeña de la población reporta estar deprimido cotidianamente.
El siguiente punto que plantea el autor es que tienen un grupo de síntomas identificables que podrían llegar a formar un síndrome. Algunos de estos síntomas son desinhibición por parte de la persona feliz, exitamiento (tanto físico como sexual), sentimientos positivos por la mañana y una alza en el apetito, un buen apetito.
También, dice el autor, se puede observar que las personas felices tienen comportamientos muy claros como el sonreír, están libres de preocupaciones, son impulsivas y poco predecibles; marca que las personas felices intentan imponer su condición sobre las personas que están a su alrededor. Para terminar, el autor nota que existen condiciones que están relacionadas con la felicidad como la obesidad y la ingesta de alcohol.
Este listado de síntomas es proporcionalmente opuesto a síndromes como la depresión donde las personas no sonríen, tiene bajo apetito (tanto sexual como de alimentos), no son impulsivas y tienen muchas preocupaciones. Aunque no se puede negar que ciertas personas deprimidas también recurren al alcohol y la comida para tratar de lidiar con sus problemas y, también, buscan imponer su estado anímico sobre aquellos a su alrededor.
Como podemos ver, según el autor, la felicidad es rara en la población y está muy demarcada por ciertos comportamientos y actitudes. Pero el autor también hace una análisis del aspecto cognitivo de la felicidad.
Bentall compara a la felicidad con la esquizofrenia en cuantos a aptitudes cognitivas en el individuo. Dice que al igual que la esquizofrenia, la persona feliz vive una lejanía de la realidad. Además, es posible producir la felicidad de la misma forma que se hace con la esquizofrenia cuando se manipulan los lóbulos cerebrales.
La propuesta es interesante y podría ser sujeta a una investigación más profunda. No cabe duda de que no todo mundo es feliz, que son pocas las personas que se consideran felices en el día a día. No cabe duda que existen ciertos comportamientos, actitudes y aptitudes que pueden ser atribuidas a la felicidad.
Sin embargo, no podría decir que esto es suficiente como para clasificarla como un desorden afectivo, de la misma forma que no creo que se pueda considerar la genialidad (siendo ésta un coeficiente intelectual mayor a 140) como un discapacidad mental. Aunque ambos casos están fuera de la norma, no creo que sea suficiente como para categorizarlos como una desviación que inhabilite tanto como en el caso de los que están fuera de la norma pero del otro lado de la gráfica.
Este es un punto de gran discusión, y lo menciona el autor, ya que no deberíamos de clasificar sólo aquello que tiene un tinte negativo (como la depresión o la esquizofrenia), sino aquello que también es en extremo positivo.
El problema reside, creo yo, en el hecho de que estamos acostumbrados a clasificar lo negativo y hemos asociado que si es clasificado tiene que ser negativo, cuando en la ciencia (como dice el autor) esto no debería de importar.
A lo mejor, siempre, y en todos lo casos, los extremos son negativos (ciertamente se puede hablar de lo peligroso que son como en el caso de las ideologías) y, por lo tanto, la felicidad sí podría ser considerada como un desorden pues sí podría llegar a afectar la vida cotidiana de la persona cuando se compara con el resto de la población: caso extremo el vecino celoso que termina por asesinar a la persona feliz (claro que aquí ya estamos hablando de otro tipo de desorden) o bueno, la persona feliz que es alienada por su siempre existente y estúpida sonrisa.
En fin esto es definitivamente un tema del cual se puede hablar largo y tendido.


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